martes, 16 de octubre de 2007

El lado oscuro del corazón


Eliseo Subiela hace un excelente acompañamiento entre la imagen y la poesia con su película El lado oscuro del corazón (1992). Sobresalen los poemas de Mario Benedetti, quien aparece resitando Corazón Coraza en alemán, y de Oliverio Girondo, creador de Espantapajaros, poema que le da sentido a la película, y da nombre al personaje; Oliverio.

A continuación transcribo un fragmeto de Espantapajaros:

No sé,
me importa un pito que las mujeres
tengan los senos como magnolias
o como pasas de higo;
un cutis de durazno o de papel de lija.
Le doy una importancia igual a cero,
al hecho de que amanezcan con un aliento afrodisíaco
o con un aliento insecticida.
Soy perfectamente capaz de soportarles una nariz
que sacaría el primer premio
en una exposición de zanahorias;

¡pero eso si!
-y en esto soy irreductible-
no les perdono,
bajo ningún pretexto,
que no sepan volar.
Si no saben volar
¡pierden el tiempo las que pretenden seducirme!

Oliverio, hace gala de su mejor prosa para describir su busqueda de la mujer hecha poesía, capaz de bailar al ritmo de sus palabras. No me cabe duda que el soñardor siempre alcanza sus sueños, sino en la realidad si logra ser parte de ellos.

Altamente recomendable la obra del director argentino Subiela, mis favoritas: Hombre mirando al sudeste (1986), Pequeños milagros (1997, Lifting del corazón (2005) y por supuesto El lado oscuro del corazón (la segunda parte no me gusto tanto).

2 comentarios:

..................................... dijo...

Existe la segunda parte de esta película, donde Oliverio llega a España buscando a la mujer que lo haga volar. Me quedo con la primera parte, es mucho mas lacónica.
Me parece que junto a "el hijo de la novia" y "nevar en BsAs" es de las mejores pelis argentinas que he visto.

Ño dijo...

Coincido en que esta película es una obra de arte desde cualquiér ángulo de análisis... sin embargo, debo comentar que la segunda parte es muy buena también, aunque a mi parecer manifiesta un tono distinto al de la primera, la disfruté porque pienso que cierra muy bien el ciclo abierto en la primera parte, y Oliverio cae en la realidad, sale de las ideas platónicas en las que estaba inmerso y alcanza una realidad donde encuentra plenitud al final.