
Mientras sigamos borrachos de mentiras patrióticas vulgares,
no asomará en nuestro cielo la esperanza. Una verdad resplandeciente en
condición previa de todo resurgimiento.
José Vasconcelos
El análisis critico, en ocasiones ácido de José Antonio Crespo ha sido constante en los libros que ha publicado. Este año presentó uno que genera polémica, que sacude creencias, mitos, información registrada conciente e inconscientemente en nuestro cerebro, y que hace valorar el espíritu crítico en tiempos donde el exceso de información y la vulnerabilidad a la desinformación y la manipulación es determinante.
La historia de bronce o historia oficial es el paraguas que abarca algunos héroes y villanos mexicanos que nos han sido presentados desde pequeños, de Cortés hasta Madero, pasando por Moctezuma y Cuauhtémoc, Santa Ana y Juárez, entre otros; y la influencia indiscutible de actores externos como Estados Unidos de América. La historia nacional nos ha sido presentada en blanco y negro, buenos y malos, amor y odio, escrita siempre por los vencedores. El autor desmenuza algunos pasajes de la historia oficial, escenas que tenemos presentes cuando emitimos opiniones, cuando aplaudimos y abucheamos, cuando hacemos frente a nuestra realidad nacional, cuando nos pensamos como mexicanos.
Cuando leo sobre mi país, me doy cuenta que la ignorancia colectiva, de la que también soy victima, ha hecho que no seamos capaces de entendernos como país, como latinoamericanos, como mestizos, como mexicanos. De construir nuestros propios modelos, de asumir las diferencias y de anteponer las coincidencias, pero sobre todo de poner a México por encima del yo. Tenemos un modelo de vida nacional basado en el yo, eso implica que conmigo o contra mi, y por consecuencia las decisiones que favorecen o perjudican al país recaen en la vulnerabilidad humana de una persona y no en las instituciones, que sin lugar a dudas brindan mayor certeza y contribuyen a la democratización de la sociedad.
Crespo propone aprender del pasado, enseñar con visión propositiva la historia nacional a las nuevas generaciones y con un sentido definido, que enaltezca los valores de la paz, la legalidad, la negociación y la tolerancia, que a través de ella se consolide un sistema democrático basado en la justicia. Además estudiar a las figuras nacionales desde la justa dimensión de personas, con aciertos y errores. Asumir nuestra historia.
El libro se convierte en un sembrador de dudas que puede tener consecuencias irreversibles, como la necesidad de leer más, de conocer más a nuestro país, de analizar más, de pensar más... así que a nadie le hará daño leerlo.